El peligro de mezclar medicamentos

Las interacciones medicamentosas constituyen un auténtico problema sanitario al que cada vez prestamos más atención.

El peligro de mezclar medicamentos

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Se explica, por un lado, por la tendencia demográfica de nuestra sociedad hacia un progresivo envejecimiento de la población. Aunque ese aumento de la esperanza de vida va parejo a una mejora de la calidad de vida, también hace prever que cada vez se utilicen más fármacos simultáneamente durante prolongados períodos de tiempo.

 

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Por otro lado, los avances científicos hacen que el arsenal terapéutico se vaya incrementando notablemente para el tratamiento de distintas patologías. Es más, cada vez es más habitual que se prescriban varios fármacos para el tratamiento de una misma enfermedad.

 

¿Qué son las interacciones medicamentosas?

 

Se dice que existe una interacción cuando un medicamento no ejerce el efecto esperado al administrarse simultáneamente, o de forma sucesiva, con otro medicamento, hierba medicinal, alimento, bebida o contaminante ambiental. El problema puede surgir por exceso, por defecto o porque aparezca una reacción diferente a la esperada.

 

No obstante, existen ciertas condiciones fisiológicas, como el embarazo, o patológicas, como las insuficiencias renal o hepática, que también pueden condicionar la aparición de interacciones medicamentosas. Principalmente porque afectan al comportamiento y metabolismo de los medicamentos en nuestro organismo.

 

Un problema grave

 

En los países industrializados, las reacciones adversas a los medicamentos se sitúan entre la cuarta y la sexta causa de muerte. Estudios recientes revelan que hasta un tercio de estas reacciones adversas pueden deberse a interacciones medicamentosas.

 

Las cifras hablan por sí solas. En Estados Unidos, por ejemplo, las interacciones medicamentosas suponen el 3% de todas las hospitalizaciones anuales), lo que genera un gasto de 1 000 millones de dólares. En cuanto a España, representan el 5-15% de las hospitalizaciones en población anciana y más del 45% de los reingresos hospitalarios.

 

Las interacciones farmacocinéticas

 

Este tipo de interacciones se producen por alteraciones o modificaciones de los procesos que sufren los medicamentos dentro de nuestro cuerpo. Por ejemplo, los medicamentos que habitualmente tomamos para el ardor, que actúan reduciendo o neutralizando los ácidos gástricos, modifican el pH del estómago. En esta situación se puede alterar la absorción de otros fármacos, como hipnóticos o antiepilépticos.

 

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También sucede que muchos medicamentos son destruidos e inactivados (metabolizados) por ciertas sustancias enzimáticas presentes fundamentalmente en el hígado. La actividad de estas enzimas hepáticas puede modificarse por la acción de algunos medicamentos, aumentando o reduciendo su actividad.

 

Las interacciones farmacodinámicas

 

Este tipo de interacciones tienen lugar cuando se administran medicamentos diferentes que actúan sobre el mismo lugar.

 

La potenciación del efecto puede producirse cuando, de manera inadvertida, se toman dos fármacos que, actuando en lugares diferentes, ocasionan el mismo efecto. Por ejemplo, cuando consumimos dos agentes antihistamínicos para el tratamiento de los cuadros alérgicos con fármacos somníferos, o cualquiera de ellos con alcohol). En estos casos tiene lugar un aumento de los efectos depresores del sistema nervioso, con somnolencia y sedación.

 

Dos más dos no suman cuatro en farmacología

 

De forma habitual, los medicamentos contribuyen a mejorar nuestra calidad de vida. No solo porque mitigan los dolores, sino también porque ayudan a combatir las infecciones, controlan síntomas de cuadros crónicos como la hipertensión arterial o la diabetes, e incluso reducen el riesgo de mortalidad de enfermedades graves, entre ellas el cáncer.

 

The Conversation

 

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