Parejas de pantalla

Por: Nelson Guillermo García Gaitán.

Parejas de pantalla

Foto: El Sonajero

Las parejas enamoradas en la vida cotidiana atraviesan por muchos estados y ritos en su relación: el gusto y el cortejo, las miradas y la conquista, la invitación y la primera cita, los nervios y el atrevimiento, el miedo y la aceptación, la propuesta y el sí,  pero de la primera vez (bueno también cuenta cuando le piden matrimonio); y para terminar el rito ideal: la boda y la separación, y todo vuelve a comenzar una y otra y otra vez; o como en la telenovelas que nos han mostrado el modelo a seguir, que sea hasta que la muerte los separe…¡Claro! eso solo son amores de pantalla, pero amores en pareja finalmente.

 

Y como en el amor todo se vale, ese adagio se aplica a las parejas y cada una de ellas tiene su estilo propio en todas las opciones y combinaciones: las de un día, las que son para toda la vida, las casuales, las formales, las del colegio, las de vecinos, las de amigos con derechos, las de la U, las del mismo género, las del otro género, las poliamorosas, las monógamas, las atrevidas, las discretas, las románticas, las extrovertidas, las tímidas y hasta las prohibidas;  estas últimas son las que dan origen a todas las historias de ficción porque entran en conflicto, él un heredero buen mozo y comprometido y ella la hermosa pobre, llena de virtudes, que lo encanta con su magia al mejor estilo épico emulando a Romeo y Julieta en cada versión, y los casos abundan en las historias de televisión: Sebastián y Gaviota en Café con Aroma de Mujer, La costeña y el Cachaco o más comunes como la de Pedro Coral más conocido como el escamoso y su Paula, y cientos de ejemplos más que tratan de representar la historia perfecta al mejor estilo machista latinoamericano,  un hombre y una mujer que se unen por amor para tener una hermosa familia, con hijos y morir de pena moral… Aunque las telenovelas, para no generar controversias terminan solo en el matrimonio, como el amor en su tercera repetición que la semana anterior llegó a su final, el de la querida Betty la no fea, sino mal arreglada y su amor verdadero Armando, que es el ejemplo de moda nuevamente.

 

Pero la Pantalla también se ha dado sus licencias como en el caso de la Señora Isabel y su Miguel Ángel, o la del sacerdote Agustín Millán y Silvia Martínez en Sangre de Lobos, que por supuesto refirmaron al final su compromiso religioso él la abandonó por su sotana por ser un amor prohibido y esto no gustó, porque amor es amor y lo ideal del final es que la pareja sea feliz, esas parejas de pantalla como en este caso terminan siendo más convenientes que los compromisos clásicos de uniones de familias poderosas, solo basta con mirar los matrimonios reales de nuestros gobernantes y nutrirnos con su ejemplo, o como la historia recién lanzada de nuestro Libertador: Bolívar el hombre, el amante el Libertador, que todos esperamos que nos muestre el romance secreto con Manuelita Sáenz, un amor oculto, histórico y heroico, como los de cada esquina de nuestra geografía nacional.

 

Pero esta columna no puede pasar por alto la cúspide del ejemplo a seguir de las parejas de pantalla, cuando pasan de la ficción a la realidad, y no hablo de Hollywood sino de amores colombianos como el de la Niña Mencha y el Gallito Ramírez, que entre 1986 y el 87 mantuvo en vilo a los colombianos de entonces con su romance de ficción y que sobrepasó todos sus récords cuando se salió de la pantalla y sus actores, Carlos Vives y Margarita Rosa de Francisco (el galán real y la princesa coronada)  protagonizaron el más puro acto de amor: casarse en vivo y en directo desde Cali un 20 de agosto de 1988, hasta que… Se separaron, y hoy son felices cada uno con sus parejas; así terminan esos amores de pantalla y cuál es su historia, feliz día del amor y la amistad y que no sea de ficción.

 

El Sonajero 

 

Lo más reciente